Hay nombres que no solo se escriben en los libros, sino en la vida cotidiana de un país. Anunziatta Valdez es uno de ellos. Su legado no se mide únicamente en reformas legales ni en cargos públicos, sino en libertades ganadas, en silencios rotos y en mujeres que, gracias a su lucha, aprendieron que la dignidad también es un derecho.

Hablar hoy de Anunziatta Valdez es hablar de una mujer que se adelantó a su tiempo. En una sociedad donde la familia era entendida desde una lógica de control y subordinación femenina, ella tuvo la audacia de cuestionar lo establecido y de transformar la indignación en acción. Su defensa de la mujer no fue solo un discurso, fue una causa encarnada en leyes, instituciones y acompañamiento real a quienes vivían violencia, exclusión y dependencia.

Las reformas al Código Civil que impulsó marcaron un antes y un después en la vida de las mujeres ecuatorianas. La posibilidad de administrar bienes, de tomar decisiones sin autorización del esposo, de salir del encierro legal y simbólico, fue resultado de una lucha persistente que incomodó a muchos, pero liberó a miles. Del mismo modo, la creación de las comisarías de la Mujer abrió espacios de protección cuando denunciar la violencia intrafamiliar era un acto de valentía extrema.

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Pero el legado de Anunziatta Valdez no se agota en lo jurídico. Su historia personal atravesada por el dolor, la pérdida y la resiliencia le dio una profundidad humana que convirtió su activismo en empatía genuina. Nunca habló desde la distancia del poder, sino desde la cercanía con las mujeres reales, las de carne y hueso, las que cargaban miedos y esperanzas similares a las suyas.

En tiempos donde los derechos parecen frágiles y los discursos de retroceso resurgen con fuerza, recordar a Anunziatta Valdez es un ejercicio de responsabilidad colectiva. Su vida nos recuerda que ningún avance es gratuito, que toda libertad tuvo una precursora y que la transformación social comienza cuando alguien se atreve a soñar distinto… y a actuar en consecuencia.

Que el MAAC sea el lugar que congregue el lanzamiento de su obra literaria no es casualidad. Allí se celebrará no solo una trayectoria, sino una causa que sigue vigente. Porque mientras haya mujeres que necesiten alzar la voz, el legado de Anunziatta Valdez seguirá caminando con ellas.

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Sin lugar a duda un espacio para el punto de encuentro entre amigos, colegas, generaciones y conciencias que reconocen en su obra una herencia ética y social invaluable. La presentación de La audacia de los sueños no es solo un acto editorial, es un espacio para volver a pensar el país, la familia y el rol de la mujer desde la justicia y la igualdad. (O)

Charo Vergara Ronquillo, comunicadora Social, Guayaquil