Enero es el primer mes del año y con su inicio llegan las lluvias. Se siente con el olor y el viento que junto con las frescas gotas de agua bañan el cuerpo y el alma. Así, con alegría podemos decir: “Llegó el invierno”.
Al reflexionar sobre estos cambios de estación nos damos cuenta de la gran importancia que representa para la naturaleza. Con las lluvias continúa el ciclo de la vida, se humedece la tierra y se prepara para los sembríos. Los árboles y pastos reverdecen, los primeros para dar frutos, alimento para el hombre y el alimento para los animales herbívoros renace. Los ríos llenan sus caudales que van a parar a la mar, que no es el morir sino el engrandecimiento de la vida por la utilidad que da al hombre. Las represas captan agua para las hidroeléctricas y el ser humano sabe que sin agua no hay vida, llegando a la conclusión de que Dios existe y es grande.
Lo paradójico de esto es cómo el ser humano espera la venida de esta estación lluviosa. Debemos recordar que este beneficio debe tener su preparación. Así, vemos que las lluvias al caer copiosamente presentan muchos problemas, en especial en grandes ciudades: se inundan las calles por varios problemas, como taponamiento de las alcantarillas por la basura acumulada; también se construyen casas en laderas que luego son arrasadas por la fuerza del agua por ser construidas sin los estudios necesarios.
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Por otro lado, las carreteras deben estar en condiciones óptimas para evitar desastres viales. Hay algunos ríos que todos los inviernos se desbordan, dando como resultados grandes problemas, como el aislamiento de las comunidades campesinas que no pueden sacar los productos. También, en estas zonas no hay muros de contención ni puentes reparados, por lo que todos los años ocurren desgracias. Por esto, es muy importante prepararnos para la llegada del invierno con sentido de responsabilidad y gratitud recordando que hay muchos lugares que carecen de este líquido vital.
Además, las empresas eléctricas deben realizar inspecciones especialmente donde hay los famosos tallarines de cables, que son un peligro latente para todos los habitantes. Todas las instituciones a quienes les competen estos servicios deben planificar con tiempo y ejecutar acciones de prevención de calamidades y accidentes.
Es muy triste ver que empezó el invierno y han ocurrido accidentes e incendios que nos llenan de pena. Evitemos todo esto y administremos con verdadera conciencia. Por su parte, el ciudadano común debe hacer revisiones en las instalaciones de su hogar. Solo así, con responsabilidad, precaución y amor, podremos agradecer a Dios por darnos esta agua. (O)
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Alicia de Jesús Carriel Salazar, docente, Guayaquil


















