Las agresiones que cometemos contra la naturaleza no quedarán sin respuesta. Movida por un egoísmo descarado, la globalización actual está rompiendo el equilibrio que garantiza nuestra existencia pacífica. Aunque propuestas como la Agenda 2030 intentan establecer un orden necesario, llegan con décadas de retraso frente a una geopolítica obsesionada con el control de recursos y la anulación del individuo. Si seguimos priorizando el poder inmediato sobre la ética, la naturaleza terminará por devolvernos el veneno que hemos sembrado, dejando en evidencia una ciencia que, pese a su arrogancia, fue incapaz de salvarnos de nuestra propia ambición. (O)
Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte, Albacete, España

















