Desde tiempos inmemoriales al menos en nuestro país se ha venido gestando una tradición propia: la elaboración de los llamados años viejos o monigotes, utilizando para ello material reciclable y dándoles forma. Pintorescos muñecos que representan el año que termina y el que está por comenzar y cuya característica, al menos en años anteriores, era satirizar, a través de este singular medio, la actuación de ciertos personajes relacionados especialmente con la política, para darnos un momento de solaz y, por qué no, distraernos un poco de las tensiones diarias. Pero, al parecer, estas costumbres están cambiando o desapareciendo paulatinamente.

En un recorrido por la av. Amazonas, típico lugar en donde se exhiben estos muñecos, pudimos observar primero que habían escaseado mucho; no había sino unos cuatro o cinco monigotes y casi ninguno de ellos cumplía el objetivo; sus caracterizaciones tenían más un tinte publicitario y, curiosamente, solo uno de ellos estaba cargado de sorna y mala intención en contra de un político que, actualmente, nos gobierna y que, por su investidura, merece nuestro respeto.

Aquí viene la pregunta: ¿será porque a los hacedores de estos graciosos muñecos se les prohibió representar a otros personajes que también durante este año hicieron noticia, o fue, simplemente, una mera coincidencia? (O)

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Fabiola Carrera Alemán, Quito