El más grande acontecimiento en el ámbito petrolero del mundo en los últimos años ha sido la transformación de Estados Unidos de un país con un enorme déficit de producción de petróleo y gas al país de mayor producción de petróleo y al mayor exportador de gas del mundo, logrando esta transformación en un tiempo récord de quince años.
Este “milagro” hidrocarburífero se debe principalmente a la explotación de los yacimientos de “lutitas” de petróleo y gas (oil shale o gas shale), que son yacimientos no convencionales, que antes no podían ser explotados por ser muy duros y no permeables, lo que mantenía al petróleo y gas atrapados sin poder fluir hacia los pozos, hasta que hace 20 años George Mitchell, un genio de la ingeniería petrolera, de Galveston, Texas (Estados Unidos), a quien tuve el placer de conocer, inventó lo que se conoce hoy como el fracking, perforando pozos horizontales en lugar de verticales para lograr una extensa penetración en el yacimiento e inyectando millones de galones de agua a muy altas presiones, causando enormes fracturas o grietas, lo que permitió al petróleo y gas atrapados fluir hacia los pozos.
De allí en adelante se vino una especie de fiebre del fracking, principalmente en Texas, aumentando la producción de petróleo de 5 millones de barriles por día a 13,8 millones de barriles por día, actualmente, debido principalmente a la facilidad y rapidez con la que se hacen los negocios petroleros en el país, ya que todo el sector está en manos privadas. Estados Unidos es el único país del mundo donde el dueño de los hidrocarburos no es el Estado, sino el dueño del terreno, lo que reduce enormemente la burocracia y evita la corrupción.
Para Estados Unidos, el beneficio del fracking es extraordinario, porque le ha permitido generar una enorme riqueza y millones de empleos de calidad, y a la vez influenciar en la reducción de los precios del petróleo en el mundo, que para el Gobierno actual es una política de Estado, para evitar la inflación en su economía.
Mientras que para Ecuador el efecto es adverso, el bajo precio del petróleo está afectando enormemente a la economía del país, y de descender más podría hacerlo económicamente inviable.
Del lado positivo, esta tecnología podría tener aplicación en Ecuador. Existen yacimientos de calizas petroleras que no se los ha podido producir en los actuales campos y que necesitarían de este tipo de tecnología, pero para que eso ocurra es esencial que se elabore un proceso de selección de un socio estratégico experto en el tema para hacer una evaluación técnica del potencial en el país y que se ejecuten proyectos piloto, como hizo Argentina con Chevron en el área de Vaca Muerta, que está generando un boom de producción de petróleo y gas.
Como hemos referido en anteriores ocasiones, es indispensable elaborar un plan estratégico de largo plazo de aumento de reservas y nueva producción en nuestro país. Además de la exploración y recuperación mejorada de los actuales campos, el fracking debería ser parte de este plan estratégico, si alguna vez se elabora. (O)











