Colombia está dividida administrativamente en 32 departamentos, nuestro equivalente de provincias, siendo Nariño y Putumayo los departamentos colindantes con el Ecuador, siguiendo en cercanía Caquetá, Huila y Cauca.
En el caso de Nariño, su geografía es muy variada y va desde la montaña hasta el océano Pacífico siendo sus ciudades principales Pasto (la capital), Ipiales, Tumaco, entre otras. Putumayo abarca, en cambio, un territorio que va desde los picos andinos a la profunda selva amazónica, siendo su capital Mocoa y la ciudad más poblada Puerto Asís.
Para ir poniendo en contexto, es importante anotar el año 2016, fecha en la cual se suscribió el acuerdo de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo), luego de complicadas negociaciones que incluso generaron un ‘no’ plebiscitario como respuesta, pues a partir de esa fecha, excombatientes de las FARC y ELN (grupos guerrilleros) decidieron volver a las armas, creando nuevas disidencias, entre las cuales siete organizaciones que tomaron control de toda la línea de frontera con nuestro país.
En Nariño es posible identificar al Frente Oliver Sinisterra y Frente Iván Ríos, así como a los Comuneros del Sur y Autodefensas Unidas de Nariño, mientras que en Putumayo operan los Comandos de la Frontera, Frente Carolina Ramírez y Frente Raúl Reyes. La consigna de tales grupos armados fue la continuación de la lucha armada popular, narrativa que no soportó nunca el mínimo análisis, pues siempre se supo que su principal objetivo era la obtención de los recursos derivados de la economía narco, para cuyo efecto establecieron zonas de virtual soberanía en contraposición a la que debió ejercer el Estado colombiano.
Además, es necesario reconocer que el vecino Estado colombiano ha tenido históricamente dificultades para ejercer soberanía en los departamentos del sur por una serie de razones que van más allá de la existencia de economías criminales, lo que naturalmente ha permitido que los grupos antes mencionados establezcan un control territorial, lo que a su vez ha permitido el aumento significativo de la siembra de la hoja de coca en Nariño, Putumayo y Cauca en los últimos años, especialmente luego que Gustavo Petro asumiera el poder de la Presidencia de ese país.
Si bien es aventurado señalar números y porcentajes de manera absoluta, hay quienes aseguran que más del 50 % de la producción de la hoja de coca se encuentra ubicada en los departamentos limítrofes con nuestro país, Ecuador, a lo que suma el hecho de que cada vez se produce más cocaína en laboratorios e inevitablemente, crece la necesidad imperiosa de trasladar ese producto a través de la frontera para ser finalmente exportado desde los puertos y pueblos costeros ecuatorianos.
En ese circuito criminal de violencia absoluta e incalculables ganancias, la responsabilidad del Estado colombiano es enorme, sin embargo, esa realidad importaría menos si la frontera norte (¿586 kilómetros o 708 kilómetros?) no fuese tan porosa. ¿Qué tanto hacemos para evitarlo? (O)








