Todo arancel es un mayor impuesto, un recargo, un detrimento para desfavorecer, impedir o encarecer importaciones. Es contradictorio, en un mundo liberal, globalizado como el actual, que los países impongan barreras o graven aún más sus importaciones. Cuando se lo hace, están perjudicando a sus conciudadanos, obligándoles a pagar un mayor precio por sus compras en el exterior.

El mundo atraviesa un periodo difícil de explicar. El país que debería ser el líder del comercio mundial, de propugnar la mayor libertad para comerciar sin aranceles, sin nuevos gravámenes o recargos inútiles, debería ser EE. UU. Sin embargo, no es así. Son precisamente quienes han puesto el mal ejemplo, de imponer nuevos aranceles en forma indiscriminada, con el afán que el resto de países se sometan a sus exigencias o demandas. Caso reciente, EE. UU. acaba de decretar un embargo comercial contra España por no haber permitido a sus aviones de guerra reabastecerse de combustibles en su territorio, en sus operaciones en la guerra contra Irán.

Ecuador un país pequeño, sin mayor argumento o poder comercial, emula a los EE. UU. e impone aranceles del 30 % a Colombia, por no haber atendido sus exigencias o requerimientos de controlar mejor su frontera sur, para evitar el paso de drogas o narcotraficantes a nuestro país. Daniel Noboa molesto, porque el presidente Gustavo Petro no atendió sus requerimientos o solicitudes de reunión, ni sus exigencias referentes a la seguridad de la frontera común, decide aumentar la tasa a 50 % para productos colombianos que se importen a Ecuador.

Colombia replica con medidas similares y nos demanda en los tribunales de la Comunidad Andina, con el engorroso trámite y alto costo que aquello implica, litigar internacionalmente, sin que le urja o preocupe buscar una pronta solución. En definitiva, ambos países, Colombia y Ecuador, complicados por este impase, pese a dos siglos de vecindad y buenas relaciones, están hoy avocados a interrumpir, dificultar y gravar penosamente sus relaciones e intercambios comerciales.

¿Quién pierde más? Seguramente nosotros, el país más pequeño, el eslabón más débil de la cadena. No es solo valores monetarios o desabastecimiento de insumos o productos; son también vidas que se trastornan, empleos que se pierden, relaciones y vínculos comerciales consolidados a través de décadas de confianza y relación. Habrá que recomenzar de cero, mercados que se pierden, especialmente si este litigio se prolonga y no tiene un buen fin.

Nunca se debió mezclar la seguridad con lo comercial, las actitudes y sentimientos, con la reciprocidad y pronta atención. Hubo de todo, preguntas y reuniones desatendidas, aún más mezclando un conflicto bilateral de dos naciones, con una expectativa e intereses ajenos, como es la relación de Petro con Trump.

Una confrontación inútil, innecesaria, estéril, que no produce ningún beneficio a nadie. Petro termina su mandato, tiene los días contados. Ecuador debe enfocarse a mayor largo plazo. Los aranceles revertirse sin demora. (O)