Escribo estas líneas el primer día del nuevo año cuando, es probable que, muchas personas se hayan planteado nuevos objetivos y hayan definido sus propósitos. Sin embargo también, es probable y deseable, que se haya realizado una verdadera evaluación de si cumplieron o no los del año que acaba de terminar.

Es necesario hacerlo tomando en cuenta el entorno, las circunstancias y las razones por las que lograron el objetivo que se fijaron o no. Casi siempre se realiza este análisis pensando en uno mismo, sin embargo, no podemos olvidar que vivimos dentro de una sociedad con la familia, los compañeros de estudios o trabajo, los vecinos del barrio, los jefes, los empleados que nos atienden en oficinas y los que colaboran con nuestras tareas domésticas, porque juntos, desde distintos quehaceres, vivimos cada día.

Pero no debemos centrar la evaluación solo en lo personal, porque en cada una de nuestras actividades participa alguien más y porque es inevitable la contribución de otros y la tarea conjunta, para lograr los objetivos, de cada uno, sí, pero también del grupo, de la gente del barrio, del lugar donde trabajamos.

Al realizar la evaluación hagamos algunas preguntas clave para obtener una mejor reflexión como: ¿estoy satisfecho con mi trabajo?, ¿he cumplido realmente todas las metas que me propuse?, ¿he aportado ideas para mejorar el ambiente en que me desenvuelvo?, ¿me sumo con facilidad al trabajo de grupo?

Sin embargo, también hay que pensar en el entorno en el que vivimos, haciéndonos preguntas como por ejemplo: ¿qué hacen en su casa con la basura?, ¿cómo se sentirá el vecino con el altísimo volumen de la música que le gusta a usted?, ¿habrá pensado en los demás?

Lo anterior se refiere a la persona que se está preguntando si el año que terminó cumplió sus propósitos, pero es importante también evaluar la tarea y el cumplimiento de lo ofrecido por las autoridades.

Una vez evaluado el pasado, llega el momento de los nuevos propósitos, que hay que plantearlos más allá del objetivo, pensando también en la planificación y la ejecución y en las herramientas necesarias y, sobre todo, si los propósitos planteados son realistas y alcanzables y si quien los ofrece tendrá tiempo y espacio para ponerlos en práctica y actuar en orden de prioridad y, en lo posible, con visión de futuro, más allá de lo inmediato.

Es el momento de los nuevos propósitos. Para lo cual es necesario un análisis de la realidad actual y elegir lo más urgente y alcanzable, asegurándose de que se tiene tiempo y espacio para poner en práctica los propósitos y actuar en orden de prioridad y, en lo posible, con visión de futuro y siempre. Todo esto siempre sin olvidar tener en mente los valores.

Ahora, durante los primeros días de este nuevo año, 2026, es el momento apropiado para plantearse propósitos que lleven al crecimiento personal. El nuevo calendario nos ofrece una página en blanco, que nos lleva a plantearnos, antes de trabajar en ella, cómo será nuestra vida si logramos todos los objetivos propuestos. Enero es un buen tiempo para encontrar la respuesta. (O)