Los acontecimientos ocurridos en Venezuela el 3 de enero pasado, relativos a la captura del exdictador Nicolás Maduro, con su cónyuge, por parte de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, trae muchas interrogantes. Una de ellas, ¿quién fue el traidor que orquestó con el presidente Trump la caída de quien se asevera usurpó las funciones de primer mandatario al haber arrebatado al pueblo venezolano su voluntad expresada en las urnas? Los hechos posteriores al asalto del palacio presidencial señalan, según algunos, a la actual presidenta encargada, Delcy Rodríguez –hasta ayer aliada de Maduro–, como quien hubiese hecho posible tal aprehensión.

Pero, más allá de si fue ella o no quien proporcionara los detalles para coordinar la operación, en la que, con certeza, hubo más de un Judas Iscariote, nos preguntamos quién traicionó a quién. ¿No fue acaso, el propio Maduro, con su accionar, el mayor traidor del pueblo venezolano, que fuera obligado a huir de su tierra, con lágrimas sin fin y el dolor clavado en el alma y en el cuerpo, dejando absolutamente todo, en una diáspora sin precedentes en ese país, caminando bajo el sol inclemente y en la negra noche, con una vieja valija a rastras y niños en brazos; sufriendo en el penoso camino asaltos, violaciones, de explotación, hasta alcanzar la Patagonia, en un interminable y penoso recorrido de 8.000 km, sin documentos, declarados indeseables por muchos, huyendo de la miseria y de la crueldad de la dictadura?

Son 7,9 millones de personas, aproximadamente, que se fueron buscando protección y una vida mejor, según Acnur. “Dejamos todo en Venezuela. No tenemos un lugar donde vivir o dormir y no tenemos nada para comer”, expresó una venezolana.

El exdictador dejó una profunda crisis financiera, política, económica y social, hiperinflación, corrupción, represión a disidentes, incremento de la pobreza,​ delincuencia, aumento de la mortalidad infantil y de desnutrición severa, violaciones a los derechos humanos, con cientos de “presos políticos”, habiendo sido acusado, además, de ser uno de los grandes líderes del narcotráfico y narcoterrorismo, motivo por el cual fue arrestado por Estados Unidos, según se afirma.

Maduro, para alcanzar la presidencia en el 2024, prometió modernizar y transformar la economía mediante un nuevo sistema exportador productivo, perfeccionar el de convivencia y de goce de los derechos humanos; atención a la ecología, la renovación del modelo de protección humanista; paz, seguridad e integridad territorial, etc. ¿Cumplió los planes prometidos? Desde luego que no. Al contrario, los beneficios fueron para él y sus próximos. Según informó la fiscalía estadounidense, se le incautaron activos por cerca de $ 700 millones, entre los que figuran mansiones de lujo, aeronaves privadas y cuentas asociadas a testaferros. Transparencia Venezuela afirma que la riqueza de Maduro alcanzaría los $ 3.800 millones. Parte de su fortuna estaría vinculada a corrupción, lavado de dinero, minería ilegal de oro y redes financieras, operadas a través de terceros.

Mientras, el pueblo venezolano sigue sumido en miseria y en violencia.

¿Quién lo traicionó? Maduro fue su Judas, sin duda alguna. (O)