Además de inundaciones y daños a vehículos y viviendas, las fuertes lluvias de la semana que acaba de terminar redescubrieron los problemas de movilidad y tránsito del concentrado urbano del gran Guayaquil (Guayaquil, Durán y Daule). No es un problema nuevo, pero sí evidenciado con fuerza. El miércoles pasado llegar en auto desde La Aurora al centro de Guayaquil tomó hasta tres horas.
A semáforos descompuestos, vías anegadas, ausencia de vigilantes, carros dañados interrumpiendo el tráfico se suman la falta de educación vial y la imprudencia de parte de quienes van al volante.
De 2022 a 2025 los siniestros de tránsito en Guayaquil se incrementaron en el 12,8 % (pasando de 4.084 a 4.608), según las cifras del Observatorio de Movilidad de Guayaquil que publica la Empresa Pública Municipal de Tránsito y Movilidad de Guayaquil (EPMTMG EP) en su página web, donde señala como principales causas el exceso de velocidad, la distracción al conducir y el irrespeto a señales de tránsito.
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Es el mismo proceder que agrava el tránsito en medio de las lluvias.
Indiscutiblemente las autoridades de tránsito adeudan acciones y la sociedad un compromiso de mejorar su comportamiento en las vías. Evitar accidentes y la fluidez es una decisión y responsabilidad conjunta.
La EPMTMG EP busca contratar en marzo, con un monto referencial de $ 989.000, ferias de seguridad vial con simuladores y realidad virtual con el objetivo de “promover las normas de tránsito y la movilidad segura como estrategia de prevención y reducción de los siniestros de tránsito”. En un reportaje difundido por este Diario, expertos en movilidad destacan otras acciones que podrían ser más efectivas: radares, tecnología, cambios en la infraestructura vial y educación en seguridad vial.
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Corresponde a las autoridades tomar los mejores caminos para preservar la vida y ganar fluidez en el tránsito. Claro, los conductores también deben hacer su parte. (O)




















