El 27 de enero pasado Francia aprobó la prohibición de redes sociales para menores de 15 años. La norma entraría en vigor en septiembre y convierte a este país en el segundo del mundo en regular las plataformas de acuerdo a la edad. El primero fue Australia, que la restringe a quienes tienen menos de 16.
El debate sobre el efecto que pueda provocar la tecnología sin un debido control en niños se amplía a países de América Latina. Están expuestos a todo tipo de contenido y no solo se trata de una mentalidad formada o de que puedan ser influenciados, sino que a finales del año pasado expertos en liderazgo digital y seguridad advertían que las redes sociales se han convertido en canales que usan los grupos de delincuencia organizada para reclutar jóvenes.
Debatir el tema es saludable. Quienes se oponen hablan de “paternalismo digital”, efectos en las libertades y responsabilidades propias de la familia y la educación.
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En la Asamblea Nacional del Ecuador se tramita un proyecto de reforma al Código de la Niñez y Adolescencia sobre dignidad, integridad e imagen, que según su proponente está orientada a fortalecer la protección de niñas, niños y adolescentes frente a los riesgos del entorno digital.
El sábado pasado la Comisión de Protección Integral a Niñas, Niños y Adolescentes declaró abierta la fase de socialización. Un comunicado de prensa de la Asamblea anota que “la propuesta busca regular el uso de las redes sociales para prevenir la exposición a contenidos inapropiados, el ciberacoso y otras vulneraciones que afectan el bienestar, la reputación y la imagen de la niñez. Asimismo, establece excepciones responsables para plataformas con fines educativos...”.
Es clave que haya un debate amplio y transparente para determinar los pros y los contras de una limitación de acceso y uso de redes. En un mundo globalizado siempre primarán el bien común y la protección de los más vulnerables. Una reforma en ese contexto debe ser bien analizada y discutida. (O)


















