Los eventos deportivos sin duda son cuna de pasiones y mueven público, alegría, recursos. Lamentablemente, dentro de todo ello no están libres de riesgos por falta de control y por imprudencia.
El reporte del Sistema Integrado de Seguridad ECU911 consultado por este Diario sobre la Noche Amarilla celebrada el 31 de enero pasado en Guayaquil anota como novedades aglomeraciones en distintos sectores del estadio, una persona con problemas médicos que fue atendida en el lugar, encendido de bengalas y el ingreso de un hincha al campo de juego.
Respecto a un video que circula en redes sociales de una hincha que habría perdido parte de los dedos al encender un explosivo, el hecho no está registrado porque –según el ente– fue atendida por seguridad privada. Es doloroso que no se aprenda de las desgracias.
Publicidad
En diciembre son numerosas las campañas que los diferentes cuerpos de bomberos del país desarrollan para advertir del peligro de manipular pólvora u otros explosivos. No ha pasado ni un mes y tenemos que relatar de una joven hincha herida por ese motivo, ahora en un festejo deportivo en el que la celebración rebasó el límite de la prudencia y quedan dudas sobre el ingreso de diversos objetos.
Regularmente se prohíbe que los visitantes de los estadios lleven explosivos, bengalas, armas de fuego, objetos cortopunzantes, rollos de papel, sustancias estupefacientes y hasta hebillas de cinturones. Hay que preguntarse entonces quién responde por el control, que de acuerdo a lo que muestran las redes sociales falló el sábado pasado.
Es cierto que también los hinchas están llamados a cumplir las normas para no dañar una fiesta deportiva, pero sobre todo por su propia seguridad. Sin cooperación de la sociedad, los esfuerzos tienen que redoblarse, y no hay derecho a ello porque implica dolor y gastos para todos.
Publicidad
Los equipos deportivos, los cuerpos de seguridad y la hinchada deben comprometerse a que “accidentes” como los del sábado no se repitan en el futuro. (O)


















