A mis 11 años recibí el primer flechazo de los mundiales. Con Inglaterra 66 experimenté el deslumbramiento inicial. Volvía corriendo de la escuela y me preparaba para ver, con profunda expectativa, los partidos anunciados para esa tarde, ¡pero que se habían jugado dos días antes…! Se transmitían en diferido, era lo que había y se disfrutaba igual.


