Ni una convención de brujas, ni las peores maldiciones gitanas, ni la más vil de las macumbas, reunidas y conjuradas, podían provocar una pesadilla tan cruel como la sufrida por Francia ese miércoles 17 de noviembre de 1993. Las fuerzas de la oscuridad se abatieron todas juntas sobre la selección gala aquella noche parisina y generaron al fútbol de Platini, Zidane y Benzema la mayor amargura de su historia. Los hinchas franceses detestan recordarlo.