Por su independencia lucharon los ancestros de los estadounidenses. No querrían haberlo hecho para someter a otros pueblos. Sin embargo, indignos herederos lo hicieron menos de un siglo después, empezando con México, de cuya mitad y más del territorio se apoderaron. La Doctrina Monroe fue ideada y/o usada para justificar su intervencionismo en el mundo, que ha sido extenso y opresivo.
Nuevamente han dado el zarpazo a la libertad y quitado vidas. En el pasado reciente comenzó el régimen de Trump con el bombardeo a lanchas en el Caribe y en el Pacífico, en supuesto combate al narcotráfico, sin probar el ilícito del que acusa a Venezuela de constituir una amenaza para ese país. Luego vino la incursión en su territorio para secuestrar a quien estaba instalado en la Presidencia de la República, empleando la fuerza contra la integridad territorial e independencia política de la patria llanera, de las que debe abstenerse según la ley de las Naciones Unidas, en aras de la paz y de la sana convivencia internacional.
El Gobierno de Trump ha pretendido justificar la barbarie por el pretenso vínculo de Nicolás Maduro con el narcotráfico, a pesar de que, como sostiene The New York Times, Venezuela no comete tal delito. Y es incoherente el nuevo Atila del planeta, ya que indultó al expresidente hondureño Juan Hernández, a quien la justicia estadounidense condenó por narcotráfico precisamente, a 45 años de prisión. Además, EE. UU. eliminó la referencia a Maduro como jefe del cartel de los Soles que se le atribuía.
Los secuestradores intelectuales no han explicado a base de qué ley ordenaron la operación. La Ley de Poderes de Guerra obliga al Gobierno de EE. UU. a consultar al Congreso antes de emprender hostilidades externas su fuerza militar, e informar dentro de 48 horas de realizada. Rubio de apellido, halcón del rubio de cabello, comunicó que el Departamento de Justicia pidió la maniobra, mas, este es una dependencia del Ejecutivo, su intervención viola el principio de independencia de las funciones del Estado y carece de potestad para ordenar la detención de un jefe de Estado extranjero, que goza de inmunidad soberana, es un juez quien debe hacerlo.
Con total desparpajo Trump, que amenaza a todo el mundo que no se ajusta a sus dictados, a tono con la doctrina de seguridad de dicha potencia, declaró “Este es nuestro hemisferio”, que EE. UU. está a cargo de Venezuela, que la presidenta venezolana encargada, si no hace lo correcto pagará un precio muy alto, probablemente mayor que el de Maduro. La intención confesa es apoderarse de su petróleo. Es decir, un emperador insolente que pretende hacer “grande” a su país a costa del resto.
Maduro no fue un presidente legítimo por las dudas acerca de su elección y su gobierno cometió graves violaciones a los derechos humanos, denunciadas por la ONU, pero solo su pueblo puede exigirle cuentas y un tribunal internacional juzgarlo. ¿Y si otra gran potencia secuestrara a Trump en territorio estadounidense? Sus ciudadanos tienen la palabra y la acción, lo demostraron por las invasiones a México, Vietnam e Irak. (O)











