Eran las 16:45 y hacía un calor sofocante. Holmer Alcívar descansaba en su casa, cuando de pronto escuchó unos gritos. Miró al horizonte a través de su ventana, pero no vio nada.
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Este manabita olvidó sus dolencias cardiacas y de espalda para rescatar a los universitarios.


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Eran las 16:45 y hacía un calor sofocante. Holmer Alcívar descansaba en su casa, cuando de pronto escuchó unos gritos. Miró al horizonte a través de su ventana, pero no vio nada.